Rescates: Rodolfo Walsh

Celebrada reedición de un gran maestro

por Verónica Abdala

Acaba de reeditarse Variaciones en rojo Operación Masacre, ambos títulos publicados por Planeta, y en 2024 se editarán ocho títulos más de Rodolfo Walsh, el gran periodista y escritor argentino asesinado por la última dictadura. 

Se sabe que Operación Masacre (1957), obra cumbre del autor, es un clásico del periodismo de investigación en castellano y un libro revolucionario en más de un sentido, sobre todo porque puede ser considerado el hito fundacional en la historia de la no ficción como género literario: la pieza maestra del argentino se anticipó nueve años a A sangre fría (1966), de Truman Capote, señalada como primer antecedente histórico.

En el prólogo del libro, Walsh recapitula el momento en que siente que debe sumergirse en la historia de los fusilamientos de José León Suárez, cometidos el 9 de julio de 1956, durante la dictadura cívico-militar autodenominada Revolución Libertadora —que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955—, contra un grupo de prisioneros peronistas que habían protagonizado un levantamiento liderado por el general Juan José Valle.

El autor escribe en el prólogo:

“Seis meses más tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice:

–Hay un fusilado que vive.

No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga.

Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte. Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana. Livraga me cuenta su historia increíble; la creo en el acto.

Así nace aquella investigación, este libro.”

 Walsh encara, entonces, a partir de ese momento, las entrevistas con los sobrevivientes, sus familias y autoridades del gobierno, para terminar revelando la trama secreta de los crímenes, que la dictadura negaba.

Juan Carlos Livraga, que hoy tiene 91 años, tenía 24 cuando los militares de Pedro Eugenio Aramburu lo secuestraron para trasladarlo hasta los basurales de José León Suárez, en San Martín, donde cinco civiles fueron fusilados de manera clandestina. Él recibió dos disparos y sobrevivió. Hubo otros seis sobrevivientes de la masacre –siete en total, de los 12 “fusilados”–. Walsh encaró esos testimonios para reconstruir los hechos; esa es la investigación de base a partir de la que construye su primer libro de no ficción.

Es que, hasta entonces, el autor –nacido en Choele Choel, Río Negro en 1927– había escrito relatos policiales al estilo de los autores ingleses cuando, a los 29 años, se lanzó al proyecto que daría un vuelco a su vida y su carrera. En el oficio periodístico había aprendido que, cuando los hechos son narrados sin ornamentos, revelan su máxima crudeza, y le había aportado a la fórmula dos cualidades que creía esenciales del oficio: exactitud y rapidez.

Podría pensarse que la historia de la relación entre periodismo y literatura cobró fuerza en el preciso momento en que Walsh escuchó aquella la frase, “Hay un fusilado que vive”, seis meses después de los disparos: el impacto de esa frase, la aparente contradicción entre sus términos, desafió su inteligencia.

En el libro, el autor reconstruye los hechos que se suceden desde que los doce secuestrados –quienes finalmente son conducidos al basural– se reúnen a jugar a las cartas y a ver una pelea de boxeo aquella noche de 1956, al ser considerados culpables del levantamiento y pese a que el general Raúl Tanco, a quien de verdad buscaban los militares, no había sido encontrado allí.

Walsh se implica en el caso, recoge y reproduce: en la primera parte, presenta a los personajes –el retrato humanizado de las víctimas, la descripción magistral de las que habían sido sus vidas hasta la violenta irrupción policial– y da inicio a la investigación. En la segunda, se enfoca en el traslado hasta la unidad regional de San Martín, el sitio de los fusilamientos, y detalla también cómo fue el operativo que terminó con la muerte de cinco de los detenidos, el diálogo entre ellos, y la forma en la que algunos consiguen escapar con vida, así como refiere a los alzamientos de Tanco y Valle, finalmente reprimidos. Despliega su evidencia, las fallas del expediente surgido a partir de la denuncia de Livraga, reconstruye las declaraciones de los implicados –víctimas y victimarios– que dan pie al fallo final.

Pero son sobre todo los climas de suspense que alcanza el relato, el crescendo del drama, los que consagran a Walsh como narrador y convierten a Operación Masacre, finalmente y con justicia, en una obra cumbre de la narrativa en castellano.

 A su vez, los tres relatos que componen el premiado y deslumbrante Variaciones en rojo son considerados joyas de la literatura policial. Daniel Hernández, un joven corrector de pruebas de una editorial, reflexivo y observador, convertido en detective por opción, y su amigo el sagaz comisario Jiménez son los encargados de resolver los casos.  Fue en 1953 que Walsh publicó su antología Diez cuentos policiales argentinos y este libro, Variaciones…, que obtuvo entonces el Premio Municipal de Literatura.

El relato policial, el panfleto, la denuncia, la autobiografía, el testimonio, el periodismo, la ficción: Walsh era capaz de escribir en todos los estilos y su prosa es uno de los grandes hitos de la literatura argentina contemporánea.

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