Lecturas: La segunda venida de Hilda Bustamante

Volver al lugar donde fuimos amados

por Natalia Brandi

Uno de los primeros indicios para saber si estamos frente a una buena historia es el comienzo. Si la primera página nos cautiva, podríamos asegurar que el tono, el punto de vista y el perfil del personaje son los correctos, y que nos zambulliremos en el texto sin miedo a ahogarnos. Tal cosa sucede con La segunda venida de Hilda Bustamante, fabulosa sorpresa de la escritora y editora jujeña Salomé Esper

La trama comienza con una escena insólita: Hilda despierta dentro de su ataúd; con sus 79 años, no recuerda si se cayó de la cama, ni de dónde salieron los gusanos, hasta que deduce que ha muerto, pero que ahora está viva. Rompe las tablas del cajón y regresa a su casa. Toca la puerta; abre Amelia, su nieta adoptiva, quién le avisa al abuelo Álvaro que la abuela ha regresado. La conmoción no le impide al hombre recibir con felicidad al amor de su vida.

A partir de entonces el relato nos conducirá por un alborotado pueblo ante la resurrección de una de sus habitantes. Conoceremos a las amigas de la parroquia, a la que Hilda asistía con una discreta y firme responsabilidad; a Gabriela, la mamá de Amelia, una joven vecina que, por circunstancias que también se develarán, fue adoptada por Hilda como una hija entrañable.

La trama irá sorteando las reacciones de los habitantes del lugar.  El cura y sus secretos, un antiguo amor de Hilda, el marido y la aceptación del milagro, la hija confundida por el escepticismo y las “chicas” de la parroquia que querrán rendir culto a la amiga milagrosa. Y también la percepción de Amelia, que observará los aconteceres con la naturalidad y la dulzura propias de su edad. Es una novela que han de disfrutar tanto aquellos lectores empedernidos como quienes se dedican a acumular libros sobre la mesa de luz: una novela para regalar. 

Salomé Esper maneja un relato con las palabras justas, tal economía es vital en la efectividad de la historia. Hay una familiaridad en el lenguaje que nos envuelve y nos hace parte de la dinámica de esa comunidad en la que estallan los vidrios, suenan frenéticas las campanas de la iglesia, hay amores y lealtades más allá de las circunstancias. Hay amigas que estiman hasta la adoración y vínculos más allá de la sangre.  Está el amor eterno y la finitud del cuerpo. Están las segundas oportunidades y la convicción de que las palabras traspasan los límites de la razón y llegan a comunicarnos con nuestros seres queridos, da igual si están acá o en el más allá. Una novela dulce, entrañable, escrita con humor y respeto, cualidades que, en estos tiempos, agradecemos reflotar. 

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