Entrevista: Liliana Viola

Un fantasma llamado Aurora Venturini

por Natalia Neo Poblet

 

Por más de diez años fue la editora del Suplemento Soy de Página/12. desde sus inicios en el 2008. Licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, en el año 2007 fue organizadora y jurado de preselección del Premio Nueva Novela Página/12, y en esa instancia leyó el manuscrito de Las primas, de Aurora Venturini. Liliana Viola fue la encargada de llamar por teléfono a la autora para comunicarle que era una de las diez finalistas. En ese llamado, Aurora le rogó que su novela fuera la ganadora al decir: “Las primas soy yo”. Así fue, finalmente. Un año después, Aurora la llamó para preguntarle si podía pasar por su casa a tomar un té. En cuanto Liliana le abrió la puerta, sacó de la cartera un testamento donde la designaba como su albacea. Hace unos meses, Viola publicó, a través de Tusquets, Esta no soy yo, la biografía de Aurora Venturini.

–¿Cuándo fue que decidiste escribir la biografía de Aurora?

–Es una idea que tal vez me rondó desde que la conocí, pero la fui negando, ocultando, incluso podría decir: nunca quise escribir la biografía de Aurora Venturini. Pero, a su vez, siempre me sentí obligada por ella a hacerme cargo de algo. Al principio me quiso regalar el dinero del premio, después me pidió que fuera su agente, después quiso pagarme un viaje para que yo viera cómo estaban distribuidos sus libros en España, que fuera su editora o que estuviera presente cuando iban a editar sus libros. Aunque siempre a todo eso dije que no, ella se las arregló para que yo, de algún modo, a la distancia, siguiera ahí casi como una curadora. En cambio, la biografía nunca me la pidió. Creo por eso se llama Esta no soy yo. Aurora era muy celosa de su vida. Estaba consciente de que su propio personaje era su construcción y cada vez que ella sentía que alguien quería apropiarse de ese personaje, se ponía muy mala. Por eso nunca dije: voy a escribir su biografía. Y ella nunca se enojó conmigo. Pero, por otro lado, por mail me decía: cuando se escriba mi biografía quiero que se diga tal o cual cosa. Y la realidad es que, así como tardé en asumir que yo era su albacea, también terminé de asumir que tal vez tenía que escribir su biografía. Te diría que creo que estuve esperando, sin pensarlo, que alguien más lo hiciera. Y se termina dando en realidad por cuestiones mágicas, cuando se reedita la colección de Venturini en Tusquets. Los editores me ofrecieron cerrar la colección con su biografía. Así que otra vez, como había pasado siempre con ella, no me pude negar. No por amor a ella, sino por amor a mí. 

–¿Qué fue lo que más te costó reconstruir de su vida?

–Todo. Aurora era una gran constructora de su personaje. Ese es un dato importante, en el marco de la literatura contemporánea, donde el mercado exige que el autor o la autora tenga algo distintivo. Y ella, desde muy temprano, construye esa figura. En esa construcción hay mitologías, mitomanías, exageraciones, hipérboles y muchas verdades que parecen delirantes, pero que son verdades. Lo que más me costó fue no convertirme en una investigadora de la verdad de Aurora Venturini. Nació en 1921, hay muy pocos testigos de su infancia, casi todos sus amigos han muerto, por lo que tuve que recurrir a la segunda generación para poder saber cómo fue su infancia y su paso por la universidad o su amistad con Eva Perón. Es muy difícil en una biografía el encuentro de la verdad porque, por dar un ejemplo, es evidente que Aurora tenía una mala relación o decía despreciar y odiar a sus hermanas. En la primera entrevista que le hice me dijo: Las primas soy yo y mis hermanas son todas taradas, una es minusválida y además no sé dónde viven. Pero nada de eso era verdad. Sí tenía relación con sus hermanas y ninguna era minusválida. Cuando entrevisté a la hermana menor, ella contradijo las versiones de Aurora. Me contó también que había tenido un hermano con discapacidad porque a sus 4 años ella tuvo rubiola y la contagió a su madre cuando estaba embarazada. A ella la culparon por la discapacidad del hermano. La hermana también contradice eso. Hay una versión de Aurora y otra de la hermana. Ahí me pregunté, en una biografía, ¿tenemos que creerle al último que lo dice?, ¿por qué la palabra de Aurora sería menos válida que la palabra de la hermana? Entonces tomé la decisión de que el libro reflejara esas contradicciones. Y que los hechos hablaran de por sí para acercarnos a lo que nos interesa, que es tratar de saber quién fue Aurora Venturini.

–Esto guarda relación con lo que en un momento decís en el libro: Una biografía es una traición. 

–Sí, porque nosotros vivimos una vida con un montón de días, un montón de horas donde hay cosas que nos parecen más importantes que otras si hiciéramos nuestra propia biografía. Si yo hiciera mi biografía hoy, no sería la misma que un día antes de morirme, seguramente. Entonces, que otra persona, una tercera persona, escriba tu vida y decida cuáles son los hitos, sin duda es una traición. En el caso de Aurora, que yo realmente me hiciera cargo de los datos nebulosos, ficticios, que ella decidió poner en su biografía, también es una traición. Tocar la vida de alguien es una traición, por eso mi coartada es haberle puesto este título: Esta no soy yo. Es lo que Venturini desde el infierno me está diciendo: te lo dije, te lo advertí, Esta no soy yo.

–En 2017 publicaste el libro Migré, luego quitado de circulación por pedido de uno de sus herederos. Después de ese episodio, ¿hubieses escrito la biografía de Aurora sabiendo que no eras la albacea?

–Te diría al revés, te contesto otra cosa para empezar. No me habría asumido como albacea de Aurora de no haber tenido el problema con Migré. En el año 2010, cinco años antes de morirse, Venturini vino con el testamento, lo sacó de la cartera. Me convirtió en la heredera. Yo lo puse en un cajón, pensé que podía arrepentirse. Pero después se cayó, se rompió los huesos y retomó vínculo con la familia. Un testamento se puede romper y también pienso que una familia que cuida y que se reconcilia todo puede cambiar. Cuando ella murió su agente literaria, que vive en España, llamó diciéndome que se vencían los derechos y que teníamos que renovar.  ¿Qué me pasa? Yo tengo el problema con la misma editorial donde está ella, que es Random House, que no me defiende en el momento en que este energúmeno me hace el juicio para sacar de circulación el libro Migré. Es decir, cuando yo sufro por la maldad de un heredero en esa editorial que es la misma que tiene Aurora, decido vengarme quitándole a Aurora Venturini porque se habían vencido los derechos y llevándomela a otra editorial. Estaba ante los dos grandes grupos editoriales que compiten entre sí.  Me dije: yo acá puedo generar una herida y con la lanza que es Aurora Venturini, en todo sentido, literario, comercial, la llevé. Digamos que fue un deseo venturinesco de venganza. Sí, un deseo venturinesco de venganza de sacarle una autora a quien ellos no estaban promocionando y tenían bastante descuidada. Además, me pareció interesante la oferta de Tusquets. Y ahora, respondiendo a tu pregunta, yo escribí con miedo, aunque soy la albacea, escribo con miedo. Miedo de que se enoje la familia, miedo de que alguna amiga no sea nombrada o miedo a defraudar a las y los fans de Aurora. Migré no lo escribí con miedo, lo escribí con excesivo respeto, te diría. No me imaginé que algo pudiera molestar. Por un lado, Aurora tenía una creencia tremenda en la posteridad tanto como en Dios, en los fantasmas, en el esoterismo y en los exorcismos. Y, por otro lado, la pulsión y la necesidad de publicar y de ser reconocida. Por lo tanto, la muerte para ella no era realmente algo tan dramático donde se terminaba su línea editorial. Sigue viva gracias a las publicaciones que se van a seguir haciendo de ella. Ella sabía que yo iba a continuar. Me dejaba este alto trabajo y no esperaba que de pronto fuera el éxito que se produjo con esta reedición. Realmente se produce un renacer, un resucite importantísimo. La han traducido a veinte países. Acabo de aprobar la tapa de Israel, por ejemplo. Lituania, Brasil, Portugal, Francia, Alemania. Tusquets me ha permitido trabajar en el diseño y la estética de tapa con fotos de Sebastián Freire y de Nora Lezano. Que pusiéramos prologuistas. Todo eso ha sido muy interesante. Hubo una serie de cuidados y después la magia de Las primas, sin dudas, que es el libro anzuelo.

–¿Cómo fue la relación de ustedes dos? 

–Muy extraña. No creo haberla visto más de diez veces en mi vida y seguramente menos. Las dos éramos muy ariscas y creo que eso ayudó, sobre todo a ella. Creo que mi arisques le dio confianza. Ella ponía distancia, conmigo no la tuvo que poner porque yo ya la tenía. Entonces, más allá de esos llamados que fueron al principio, que quería una agente, yo enseguida se la busqué. Ella llamaba todos los días para publicar, no es que te llamaba para otra cosa. Y entonces esos llamados ya no existieron conmigo. Pero los encuentros que yo tuve con ella fueron como de una intensidad muy particular. Aurora era una generadora de miedo y yo, que soy muy tímida, muy paranoica, muy perseguida, nunca tuve miedo con Aurora, jamás. Supo transmitirme una seguridad de que nada iba a romper ese lazo. Yo sentía de su lado algo que podemos llamar gratitud, amor, confianza. Un lazo que, yo entiendo, que es porque ella pudo darse cuenta de cuánto yo me había comprometido con Las primas. Se había comprometido también Mariana Enríquez y el resto del jurado. Lo que pasa es que yo la leí primero, como que me sentí un poco responsable. No la descubrí, solo la leí primero. Después de leerla y joder para que ganara el premio, me sentía responsable de eso, por lo menos los dos primeros años. Ella percibió mi distancia y compromiso. Y nunca sintió que yo quisiera aprovecharme. A tal punto que me enteré, esto no lo pongo en el libro, haciendo entrevistas que ella decía que yo era millonaria. Era el modo en que ella podía tramitar que yo nunca había aceptado su plata. ¿Cómo es que no acepta la plata? Y bueno, entonces es millonaria. 

–¿Qué te pasó a vos cuando te enteraste de la muerte de Aurora?, ¿habrás recordado que tenías el testamento guardado en un cajón?

–Lo tenía borrado completamente. Me preocupó más el dato, entre delirante y oscuro de su muerte, al enterarme que falleció una semana o, tal vez, diez días después del que había muerto. 

–¿Cuál es tu objetivo?

–Mi objetivo es poder liberarme de Aurora Venturini. Ella tiene cuarenta libros escritos y publicados. Administrar todo ese fondo editorial porque gran cantidad de su obra no se puede publicar, así como está. Espero que ella no se enoje desde el más allá. Así que tendré que armar, por un lado, un archivo donde todo eso esté a disposición de quien la quiera estudiar y, por otro lado, continuar con el camino editorial de libros que sí merecen ser publicados.

–¿Y cómo llevar dos carreras, la tuya y la de Aurora?

–Otra de las razones por las cuales nunca quise hacer la biografía de Venturini es porque siempre tuve el miedo de que ese personaje me comiera y terminara siendo solamente la heredera de Venturi. No me gusta ese lugar y nunca lo quise asumir.

–¿Cuál sería para vos la playlist?

–Aurora no hace alusiones a la música. Nunca le vi una radio. No era alguien que escuchara música. No tiene referencias musicales. Sólo dos o tres cosas de época y algo francés. Hay muchas referencias literarias y a comidas, aunque ella decía no comer. Te la cambio por una lista de animales: perro, Ovejero Alemán; las dos arañas, Rebeca y la hija Ariadna; los caballos; los lagartos; el zoológico de La Plata, que para ella era un tormento ver los animales ahí.

–¿Y vos ahora en qué andas?

–Lo último que estuve haciendo es la edición, que me da mucha alegría, del último libro del Archivo de la Memoria Trans. Es un librazo. Estoy muy feliz de que me hayan llamado para editarlo. El Archivo de la Memoria Trans me invita para que armemos un libro. Me dan en bruto un material de unas 16000 fotos del archivo y unas 300 páginas de archivo oral donde hay entrevistas, conversaciones privadas entre ellas y de integrantes del colectivo travesti. Y el eje sería estos cuarenta años de democracia. Ahí empezamos a pensar que es una democracia que para las travestis no lo fue, porque recién empieza en 2012 con la ley de identidad de género. Una suerte de reconocimiento como parte de la humanidad. Y entonces lo que yo hice fue poner título y pensar los capítulos. Es muy interesante cómo armaron todo porque elles tienen su misma editorial. Su propio archivo. Su propia distribución. Para comprarlo hay que entrar a la página https://archivotrans.ar/

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