Lecturas: Lo que hicieron ahí

La sutil relación entre libro y mundo

por Cecilia Muzzioli

En Lo que hicieron ahí, María Rosa Lojo reconstruye retazos de nuestra historia –tan recurrentes como inusuales–, logrando ofrecer una mirada diferente, vívida, de acontecimientos trágicos como la Guerra de Malvinas, el golpe cívico-militar de 1976 o el genocidio perpetrado contra las comunidades aborígenes en la denominada Conquista del Desierto, entre otros. 

La autora despliega, con gran inventiva y lucidez, una obra en los intersticios de la novela y el relato, entre la historia y la literatura –palabra vasta si las hay–, con personajes que pueden condensar una cantidad importante de significados vinculados a las circunstancias que los rodearon, al temperamento de la historia, siendo que ella –Lojo o su prosa, que para el caso son lo mismo– tiene una cadencia particular en su escritura, dándole a los relatos una sonoridad extraordinaria.

Publicada por Corregidor, en Lo que hicieron ahí coexiste Miguel, un camionero borracho que choca contra un ómnibus escolar –mueren todos, salvo él–, con Clara, una médica que añora la vida de su hijo, y Ana, la enfermera que cuida a Arturo Villegas, el protagonista de tres de los relatos que conforman este rompecabezas. Son personajes vinculados a nosotros –podríamos ser personajes de los cuentos y textos de Lojo– porque tienen orígenes comunes, desventuras compartidas, los mismos fantasmas del pasado. Hay algo del “yo me escribo” de Svevo, el de la autobiografía con carácter estético, tomando como sujeto individualizado a todo el pueblo argentino.

La sutil relación entre libro y mundo, entre lectura y aventura, permite registrar, con el apremio de los demonios y los dioses, una representación de nuestra identidad, siendo que, al mismo tiempo, somos defensores de las ciencias y creyentes –muy devotos– de los espíritus, algo que no es nuevo en la obra de Lojo, porque en Así nos trata la muerte y Voces desde el Cementerio de la Recoleta, la autora nos hace escuchar a los muertos que se hablan entre sí, saldan viejas cuentas, o logran atar, finalmente, aquellos cabos sueltos de vidas anteriores. 

Podría resultar –éste– un libro personal, del universo íntimo de su autora acostumbrada a los viajes en el tiempo, a tutearse con próceres y míticos personajes; parafraseando a Vlady Kociancich en La raza de los nerviosos, los libros de Lojo son un modo de salirse de la estrechez de las circunstancias y de la rutinaria realidad

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