Lecturas: Un regalo de Papá Noel

El humor como horizonte

Por Sebastián Grimberg

Un regalo de Papá NoelUbicar al personaje en una situación incómoda, sacarlo de su «zona de confort», suele ser uno de los elementos —acaso el principal, acaso ineludible— que hacen a un buen cuento, que construyen conflicto. En Un regalo de Papá Noel (Desde la gente, 2020), segundo libro de cuentos de Roberto Montaña, los personajes se encuentran, por casualidad, por responsabilidad propia, por desidia de quienes los rodean, en situaciones de crisis, crisis vitales, se podría decir.

Los cuentos, todos en una primera persona que resulta muy cercana, íntima, a veces confesional, siguen en primer lugar a un chico que, como consecuencia del abandono afectivo y material de sus padres —por momentos en una situación de inversión de roles— debe crecer “de golpe”, atravesar la adolescencia, a veces solitaria, y encontrar “su camino” como suele decirse.

En “La polera de Sartre, el personaje es apenas unos años mayor y ya no tiene que resolver problemas específicos de la adolescencia, su crisis gira alrededor de la necesidad de definir su autoimagen, y de encontrar un lugar en la sociedad, en el contexto convulsionado que atravesó la argentina durante el 2001.

La crisis del personaje de “El disfraz de Ernesto”, es la de su matrimonio y, a raíz de esto o, en realidad, a causa de esto, la de su ser y su elección sexual. En “El wáter de los sueños perdidos”, un hombre mayor, a partir de la crisis de un muchacho al que intenta ayudar, se pregunta sobre su propia historia, sobre sus vínculos amorosos y la manera que ha encontrado para sobrellevar las pérdidas. Los cuentos que cierran el libro, “Solista” y “Tuti quedó hippie”, siguen a personajes que se enfrentan al paso del tiempo, al duelo por la muerte de un ser querido.

Suele decirse que las crisis son una oportunidad de cambio, de crecimiento, una posibilidad para torcer el rumbo que, precisamente, condujo a ellas. Los personajes de los cuentos de Un regalo de Papá Noel se encuentran, entonces, ante la posibilidad de cambio, ante la posibilidad de encontrar, frente a mandatos con los que no encajan —estudiar, ser aceptado por los demás, casarse y tener hijos— su lugar o, al menos, un lugar que consideren más propio. Todo cambio, así sea para mejor, entraña un costado doloroso. Abelardo Castillo decía que “el humor, lo cómico, la risa, son formas esenciales de las letras” y que, en la narración de las situaciones más difíciles, no podía faltar el humor; ese postulado, en el libro de Roberto Montaña, se cumple al pie de la letra.