Entrevistas: Emilce Acuña

“La orilla sí es un lugar elegido”

Por Redacción Fundación La Balandra

Emilce Acuña vive en Pueblo Doyle –partido de San Pedro, provincia de Buenos Aires–, una localidad de apenas 800 habitantes. Es maestra y profesora de literatura y latín, con postítulo en LIJ. Alumna de Fernanda García Curten en su taller de narrativa y editora de Camote, una revista digital que busca difundir la obra de escritores y artistas plásticos bonaerenses. Ganó el Premio Municipal San Pedro en 2017, fue segundo premio en la categoría cuento en el primer concurso internacional Julio Cortázar, organizado por Municipalidad de Lomas de Zamora en 2020, y primer premio en el segundo certamen literario Dalia Álvarez Molina (Asturias, 2021), entre otros galardones. Su novela En la quietud del día fue finalista en el Premio Futurock 2022. Recientemente obtuvo el Premio Novela Ciudad de Salamanca con su novela Tordos. Según se lee en la contratapa, Tordos es una novela donde el duelo, el crimen y la soledad se mezclan en la vida de un personaje que debe investigar un homicidio sucedido en un pueblo de provincia, uno de esos pueblos acostumbrados a la calma y el río. Narrada de manera ágil y con un lenguaje llano, “idéntico al paisaje que habitan los personajes”, el protagonista, entonces, “deberá enfrentar sus miedos, el vínculo con las mujeres ausentes en su vida y los fantasmas de los que estuvo escapando”. 

–¿Cómo fue que se te ocurrió enviar el texto a un concurso internacional? ¿Creés que los concursos internacionales tienen un plus respecto de los nacionales? Hay un tema complejo ahí, con los títulos publicados en el extranjero: los costos no permiten comercializar el libro en nuestro país. Esa es una dificultad.

–No creo que los concursos internacionales sean más importantes que los que se promueven en nuestro país, pero la pandemia facilitó el envío por mail de las obras a certámenes internacionales en los que sólo se podía participar enviando una o varias copias por correo. Y dada esta posibilidad, me pareció una buena ocasión para ver cómo podía ser leída mi novela en otro país, porque la historia no solo se desarrolla en un pueblo del interior, sino que el lenguaje intenta acercarse al habla regional. Recuerdo que una persona del jurado me comentó que la escena de la novela que más le había gustado, era una en la que dos hombres se pelean por un par de gallinas, porque dijo que la sentía tan cercana como si hubiera ocurrido en el pueblo de su infancia. Además, participar en este tipo de concursos fue una forma de evaluarme, de ponerme a prueba.  

–¿Podrías contarnos, más allá de lo que expone el paratexto del libro, de qué se trata la novela Tordos?

–Pienso que la novela intenta responder o, al menos pensar, una pregunta. ¿Puede una persona dejar su pasado atrás y seguir adelante?  ¿Puede una persona, a pesar de su pasado, reconstruir su vida, armar nuevos vínculos? En definitiva, toda novela dice una cosa, pero en el fondo siempre habla de otra. Como en la teoría de Hemingway, siempre hay dos historias, una más superficial pero no por eso menos importante, y otra que está debajo, que no se ve a simple vista, pero donde está lo verdaderamente importante.  Su sostén, su base está en esos sobreentendidos, en esos blancos, en aquello que no se termina de decir del todo, nunca. Al menos, mi búsqueda es por ahí, en contar sólo lo necesario, lo que es indispensable para esa historia. Cuando empecé a escribir esta novela tenía un enfoque más policial y, si bien sigue más o menos esa línea, en el desarrollo se fue transformando, fue apareciendo la voz del personaje cada vez con más fuerza y creo que fue eso lo que la hizo más rica, lo que le dio mayor solidez.

Tordos sucede en un pueblo similar al pueblo en que vivís, un pueblo del interior, bien de provincia. ¿Te marcó la geografía en la que vivís desde hace casi quince años? En sintonía con eso: ¿Que te llevó a emigrar desde la gran ciudad al interior?

–No es mi deseo “pintar mi aldea”, quiero contar una historia y para eso me valgo de los elementos que tengo, que conozco, pero no estoy haciendo un retrato del lugar donde vivo. Nada de eso. Quiero hacer literatura, contar una historia.  De todas formas, creo que desde el momento en que aquello que queremos contar está atravesado por el lenguaje, ya se transforma en otra cosa, en algo que se aleja de lo real.  Si yo en este momento escribo algo que me pasó, seguramente me voy a perder detalles, voy a hacer un recorte de ese hecho, una elección subjetiva, y si a eso le agrego que en una novela hay también una búsqueda estética, recursos narrativos y una construcción pensada de cada personaje, voy a llegar a un lugar bastante lejos de esa aldea, de esa y de cualquier otra que no sea puramente ficcional. Quienes escribimos usamos muchas veces sensaciones y experiencias de situaciones que nos han pasado, pero puestos en otro lugar. Creo que cuanto más nos alejamos de quienes somos, más nos acercamos a eso que se llama literatura. 

–¿Cómo es escribir desde el interior, alejada de las luces de la gran ciudad?

–El lugar no es una limitación a la hora de escribir.  Al menos, nunca lo fue para mí. Pienso que el deseo está primero, el deseo de hacer ficción. Pero la orilla sí es un lugar elegido y escribir esas historias que transcurren en los márgenes, también. En los últimos años han surgido muchas editoriales y revistas literarias que intentan dar a conocer lo que se escribe en el interior, pero la distancia con las posibilidades que ofrece la ciudad sigue siendo grande. Esta situación no es diferente a otras, pongamos, por ejemplo, la educación, la salud. Deberíamos tener un país más federal.

–De qué se trata Camote, la revista digital que llevan a cabo desde ese pueblo. 

–CAMOTE es una revista de literatura y arte que busca difundir lo que se produce en el interior de la provincia de Buenos Aires.  No se limita a escritores o escritoras, sino que también participan personas vinculadas a la ilustración, a la pintura o a cualquier otra rama del arte. La revista cuenta con entrevistas, recomendaciones, artistas invitados y diferentes escritos: cuentos, poesías o cualquier otro género. Cada número se arma a través de convocatoria cuyo único requisito es vivir o haber vivido en la Provincia de Buenos Aires. La idea es darle una identidad ligada al interior.  De ahí su nombre: CAMOTE.  Es una palabra que circula en las provincias, una palabra nuestra. Andrés Albornoz, Luciana Baca y yo nos encargamos de la selección y edición de los textos. El diseño gráfico de la revista está a cargo de Laura Raptis.

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