Lecturas: Cometierra
Lo que la tierra nos dice

Por Lucía Parravicini

CometierraDolores Reyes, autora de la novela Cometierra, estudió letras clásicas en la Universidad de Buenos Aires. En su biblioteca se acumulan obras de Virgilio, Eurípides y Sófocles, con contemporáneos como Leonardo Oyola y Selva Almada. Además de escritora, es activista, feminista y docente de primaria. Hace dos años dejó de dar clases y pasó al área de Secretaría de una escuela en la localidad de Pablo Podestá, Provincia de Buenos Aires, lo cual no es un dato menor ya que Cometierra está dedicada a la memoria de Melina Romero y Araceli Ramos, dos adolescentes asesinadas por femicidio en esa localidad.

En varias entrevistas, Dolores Reyes ha contado que asistía al taller de escritura de Selva Almada y Julián López. Durante uno de los encuentros de ese taller, entre las lecturas de sus compañeros, uno de ellos terminó su poema con la frase “tierra de cementerio”. Para ella ese fue el chispazo de una idea. Ahí estaba su protagonista: una nena de ocho años, flaquita, de pelo largo y piel oscura que al tragar tierra veía cómo se cometieron asesinatos terribles, la mayoría femicidios, y a quien llamó “Cometierra”.

Ese chispazo se convirtió más tarde en su debut como escritora: Cometierra, una novela que desde su publicación en abril de 2019, por el sello Sigilo, viene arrasando como fenómeno editorial: ya lleva cinco ediciones con más de diez mil ejemplares vendidos, traducciones al italiano, inglés y francés, entre otras lenguas, además de cientos de publicaciones diarias en redes sociales recomendando su lectura. Pero el fenómeno no se ha quedado ahí, a Dolores Reyes también la han invitado a debates compartidos en clubes de lectura, charlas alrededor del país y a nivel internacional. Incluso, desde hace más o menos un mes la Negra Vernaci ha estado leyendo en su programa de radio la novela en formato audiolibro, algo totalmente novedoso en Argentina que está lejos de esta tradición.

¿Pero qué tiene de distinto esta novela de Dolores Reyes de otras que toquen un tema como el femicidio? La respuesta ya está en su arranque feroz: desde la primera página nos habla sobre la pérdida, la violencia y la precarización con la que viven la protagonista y su hermano mayor, Walter, tras la muerte de su madre a manos de un padre golpeador y alcohólico. “Cometierra” es visitada en sus sueños por la seño Ana que le dice que la ayude a saber quiénes la mataron, le pide que su crimen no quede impune.

Es imposible dejar de leer de un saque esta historia dividida en tres partes y en capítulos muy breves. En ellos uno conoce el “don” de “Cometierra” y cómo ella va lidiando con ese poder para resolver crímenes y desapariciones conectados a las decenas de botellas llenas de tierra que le dejan los vecinos en la puerta de su casa buscando justicia. La responsabilidad y el peligro que conlleva intentar resolver esos casos policiales tienen cierto aire de realismo mágico, además de que la protagonista descubre ser, sin proponérselo, algo así como una superheroína a lo X-Men, entre boliches y ferias del conurbano bonaerense.

Sin embargo, Cometierra es también un relato del género coming of age representado por el grupo de amigos de Walter, quienes se juntan para comer salchichas explotadas por dejarlas cocinar demás, entre cervezas y maratones de video-juegos, y experimentan los primeros amores de la adolescencia. La familia de “Cometierra” es distinta, pero es una familia al fin, sus integrantes se contienen y apoyan entre ellos frente a la ausencia de los mayores y de un Estado invisible. Cometierra es el lenguaje de una tierra que habla y pide ser escuchada y sobre todo no ser olvidada.