Lecturas: Una casa llena de gente 

La literatura como eje primordial

Por Natalia Brandi

Una casa llena de genteLeila, al morir, le deja a su hija Charo una colección de fotos, videos y sus diarios, con instrucciones de qué hacer con todo ese material. Charo va reconstruyendo, como quien levanta una casa, el período de la vida de su madre en el que vivieron en el castillo, un edificio que parecía de arena. A partir de allí, nosotros, lectores, junto con Charo, vamos develando cómo sucedieron las cosas en un momento de la vida en el que su madre parecía algo perturbada. Un hecho terrible desató la culpa de Leila, y Charo irá recogiendo los recuerdos en las voces de su familia y de sus vecinos.

Una casa llena de gente (Cía. Naviera Ilimitada, 2019), de Mariana Sández, se desarrolla en el interior de cada departamento, en los pasillos, el ascensor, la cochera y el jardín en común de ese edificio. La vida interior se adivina por los ruidos que llegan a través de las paredes, por las escenas que aparecen veladas desde un balcón, y la vida exterior se muestra en los lugares comunes.

La novela me recordó, por momentos, las buenas comedias italianas, por la pizca de suspenso sutil y la coralidad de las diferentes voces que la componen. ¿Las cosas sucedieron cómo cree Gloria, la vecina engalanada como una Kardashian? ¿O fueron cómo las recuerda Granny, la abuela inglesa de Charo, preocupada por el carácter particular de Leila, debido, según ella, al hábito apasionado por la lectura? Los medio-hermanos de Charo aportan una mirada más desde afuera de los hechos y el mismo suceso adquiere diferentes aristas según quién lo cuenta.

Sosteniendo la trama está la literatura como eje primordial. Como ejemplo, basta con saber que para elegir departamento los acompaña el carpintero que “calculaba las dimensiones de las paredes habitables por libros”. Leila y su marido eran tan apasionados por la lectura que Charo llega a decir que su casa más que un hogar parecía una biblioteca. Leila era traductora de inglés y además una escritora que nunca se animó a publicar, tal vez por su exceso de perfeccionismo. “Escribir es corregir. Es corregirse. La vida perfecta es la vida corregible”, dice en su diario.

La historia que narra Una casa llena de gente trata sobre la memoria y la resignificación del recuerdo, sobre los errores, los malos entendidos, las amistades y los celos. Desnuda de qué estamos hechos, cómo nos mostramos y cómo nos ven los demás. Cómo nos construimos para convivir con los otros y con nosotros mismos.

Una casa llena de gente adora a la literatura y la observa como un cubo mágico con infinitos lados para armar el juego.