Lecturas: Un hombre con suerte

La sensación de no reconocer al otro

Por Anahí Flores

Jamel Brinkley - Un hombre con suerteEn los nueve cuentos que conforman Un hombre con suerte, debut literario de Jamel Brinkley (Chai Editora, 2019; traducido por Tomás Downey), los personajes son parte de familias deshechas, desmembradas, con madres solteras o abandonadas. Desde el cuento que abre el libro, en el que dos jóvenes van a bailar a la noche y abordan a dos chicas, quedan planteadas algunas problemáticas que se mantendrán a lo largo de los demás cuentos: la forma estereotipada en que el hombre ve a la mujer, como si fuera un objeto; la marginalidad; el abismo que hay entre blancos y negros; y el no tener clara la propia identidad ni la de quien está a nuestro lado. Por hablar de eso, en casi todos los cuentos hay duplas: de amigos, de hermanos, de medios hermanos, en su gran mayoría hombres; sólo en uno de ellos una mujer comparte el protagonismo. 

La sensación de no reconocer al otro aparece, también, en más de un cuento: “De repente, con un estremecimiento, asomó en sus gestos una especie de fealdad, como otra cara debajo de su cara…” Descubrir capas ocultas en quien convive o tiene un lazo familiar con nosotros, transmite al lector vulnerabilidad: ni aquello que más conocemos es seguro o es lo que nos parecía antes. Uno anda por los cuentos en estado de alerta, intentando escuchar a pesar de la música en volumen alto: el libro empieza con un cuento en plena noche y en una pista de baile con la música a todo volumen, y culmina con otro donde la música está tan fuerte dentro del bar que el protagonista “Sintió la vibración de la puerta al abrirla”. Los personajes andan por la calle, fiestas, bares, festivales, lejos de sus casas de las que, en más de una ocasión, quieren huir. En la escritura de Brinkley se nota, de la mejor manera, la influencia de la prosa de James Baldwin.