Lecturas: Las chicas no lloran

Por Natalia Brandi

Las chicas no lloranOlivia Gallo nació en 1995, estudia Letras y escribe. El año pasado publicó su primer libro: Las chicas no lloran, bajo el sello editorial Tenemos las Máquinas. Son doce cuentos narrados casi por una misma voz. En primera persona o en una segunda que también funciona como tal. Es la voz de una joven adulta que rememora su reciente adolescencia con el desapego valiente de la juventud.

“Áfrika” es el cuento que abre el libro. “Nunca llegamos tan lejos. Otras veces nos alejamos un poco a los barrios de los alrededores, pero esta vez dejamos atrás la ciudad…”. Este es el inicio  del cuento y allí está la clave. ¿De qué se aleja esta pareja? En lo que parece una escapada adolescente hay un relato mínimo que corre paralelo a la trama central. En varias escenas del pasado la protagonista recuerda momentos vividos junto a Jero y sus padres. Parecen escenas casuales, cotidianas, excepto por un par de detalles que se cuentan al pasar y que debido a la maestría de la narración nos obligan a hacer foco y constituyen el invisible hilo conductor que conduce al final.

En “Toda la gente sola” la narradora nos cuenta que la ciudad consiguió halcones para combatir a la palomas. Va a visitar a su abuelo al geriátrico y de allí a encontrarse con Federico, un hombre casado, veinte años mayor que ella. Ambas escenas están construidas por lo no dicho y por la mirada aguda de la protagonista sobre la vida de estos hombres que encuentra en el canto del halcón la queja de alguien que no está en su hábitat y se siente perdido.

El último cuento da nombre al libro. Narra, como al comienzo, un viaje. Esta vez es la reconstrucción del viaje a través de las fotos. En un solo detalle que la narradora observa en la primera foto y en la última está la clave del cuento y su resignificación una vez que se llega al punto final.

Son doce historias escépticas, sin piedad ni dulzura. Hablan del desencanto, de la crudeza de lo cotidiano, atravesadas por la melancolía que provoca crecer.