Lecturas: El sol mueve la sombra de las cosas quietas

Por Natalia Brandi

Lecturas: El sol mueve la sombra de las cosas quietasSuelo elegir mis lecturas, pero El sol mueve la sombra de las cosas quietas llegó a mí por azar. Me gustó el diseño austero de su tapa y la tipografía sencilla del título. En un mismo bloque leí: Alejandra Kamiya y un poco más abajo: Bajo la luna. Lo acaricié, puse música y lo abrí.

Inicié mi viaje caminando sobre papel de arroz en un recorrido de preguntas, respuestas, memorias; casas que se construyen y casas que se desarman. Pero es un camino sereno; se lee en clave de pequeños gestos. Una mujer que tira los ravioles al costado de un árbol y llora con la bolsita de queso en la mano. Un jardín que es un pequeño cuadrado de tierra donde el viento llena el aire con las hojas del liquidámbar. Un hombre que un día decide caminar en sentido contrario al de siempre y la avenida se presenta como si fuera la primera vez. Estos detalles sencillos, mínimos y tan cercanos a la vida de uno son los que facilitan la lectura, entonces cuando crees que estás viajando en un terreno conocido te sorprendes con reflexiones como que la libertad fue una comodidad hecha de ausencia de preguntas o que “la belleza trae, como todas las cosas, inevitablemente atada a ella, su sombra.”

Lo que me atrajo de este viaje es la perfecta armonía entre las escenas enfocadas en detalles pequeños y la reflexiones profundas con el tono lírico que une todos los relatos. Son trece cuentos enhebrados como flores de cerezo. Cada cuento de Alejandra Kamiya es una experiencia que te deja respuestas sin preguntas y que desarma las preguntas con las que ingresaste al relato.

Los cuentos de El sol mueve la sombra de las cosas quietas tienen el efecto de los koans: un problema pequeño o banal  te deja pensando y te obliga a salir de la tranquilidad que dan las respuestas.

Cerré el libro, regué las plantas y le dí de comer al gato. Apagué la música y me quedé en el silencio contemplativo del fin de viaje.