El nombre falso de Ricardo Piglia

Por Hernán Carbonel

Las múltiples capas de la ficción, el cruce entre nouvelle y crítica literaria, las atribuciones erróneas, cómo aunar a Jorge Luis Borges y Roberto Arlt, y la escritura como un plan continuo.

Uno de los procedimientos sobre los que se ha enfocado el estudio de la obra de Ricardo Piglia es el cruce entre novela y ensayo, o novela y crítica literaria. Respiración artificial sea, quizás, el temprano ápice de ese procedimiento. Pero hubo un ejercicio previo, un ensayo para esa novela-ensayo, y fue el cuento largo o nouvelle “Nombre falso”, que cierra el volumen homónimo, de 1975.

El nombre falso de Ricardo PigliaYa en el epígrafe que abre el libro se plantea la articulación entre lo auténtico  y lo apócrifo: “Sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido”. La frase es de Jorge Luis Borges, pero el autor se lo atribuye a Roberto Arlt. La génesis de esa mutación puede comprobarse en las páginas del tomo II de Los diarios de Emilio Renzi (Los años felices): “Colocaré una frase de Borges al frente de mi libro Nombre falso pero se la atribuiré a Roberto Arlt: ‘Sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido’. La frase no hace más que sintetizar lo que es para mí el ‘tema’ central de ese libro: las pérdidas”.

En ese juego de opuestos se aúnan dos corrientes que la crítica se ha encargado de agrietar, el agua y el aceite de la literatura argentina del primer tercio del siglo XX: Boedo y Florida. La estructura del relato es borgeana (la búsqueda y hallazgo de un manuscrito extraviado, como punta de lanza) pero el protagonista es el mismísimo Arlt.

Lo que sintetiza este gesto (tan borgeano, por cierto) de las atribuciones erróneas viene desde los orígenes de la literatura argentina, y lleva a lo que el propio Piglia escribiría en Respiración artificial, publicada cinco años después de Nombre falso: “La primera página del Facundo: texto fundador de la literatura argentina. ¿Qué hay ahí? dice Renzi. Una frase en francés: así empieza. Como si dijéramos la literatura argentina se inicia con una frase escrita en francés: On ne tue point les idées (aprendida por todos nosotros en la escuela, ya traducida) (…) Pero resulta que esa frase escrita por Sarmiento (Las ideas no se matan, en la escuela) y que ya es de él para nosotros, no es de él, es una cita. Sarmiento escribe entonces en francés una cita que atribuye a Fourtol (…) Sarmiento se equivoca. La frase no es de Fourtol, es de Volney. O sea, dice Renzi, que la literatura argentina se inicia con una frase escrita en francés, que es una cita falsa, equivocada. Sarmiento cita mal”.

“Borges, Sarmiento, Arlt han definido allí su identidad: la tradición perdida, la traducción, la memoria extranjera, la cita falsa”, dirá Piglia en su ensayo breve “La ex-tradición”. “La identidad de una cultura se define por el modo en que usa la tradición extranjera”. Él mismo utilizaría, lo utilizaría, para el Apéndice de “Nombre falso”.

Las capas de la ficción

La acumulación de múltiples capas de la ficción, el texto dentro del texto, resulta variopinto en “Nombre falso”. Lo que conduce a una multiplicidad de interrogantes: ¿cuáles son los límites de la intertextualidad? ¿Qué es cita, qué es plagio, qué es alusión, qué es influencia, qué es apropiación, qué es homenaje, qué es pastiche?

Dos partes componen el texto: “Homenaje a Roberto Arlt” y el Apéndice “Luba”. En la primera se describe la búsqueda del relato perdido de Arlt; la segunda no es otra cosa que la traducción  o reescritura de “Las tinieblas”, relato del ruso Leonid Andreiev, protagonizado por una prostituta y un anarquista, personajes hondamente arltianos, por cierto.

Otro de los enigmas es Kostia, personaje fundamental en la nouvelle, alias de Ítalo Constantini, amigo de Arlt y de Onetti —gracias a él se conocieron—, a quien Onetti referencia en “Semblanza de un genio rioplatense”, notable prólogo a una de las ediciones de Los siete locos. Onetti referencia así su encuentro con Arlt, Kostia de por medio, con la primera novela del uruguayo, aún hoy inédita, como eje del diálogo:

“—Dessime vos, Kostia —preguntó—, ¿yo publiqué una novela este año?

“—Ninguna. Anunciaste. Pero no pasó nada.

“—Es por las “Aguafuertes”, que me tienen loco. Todos los días se me aparece alguno con un tema que me jura que es genial. Y todos son amigos del diario y ninguno sabe que los temas de las ‘Aguafuertes” me andan buscando por la calle, o la pensión o donde menos se imaginan. Entonces, si estás seguro que no publiqué ningún libro este año, lo que acabo de leer es la mejor novela que se escribió en Buenos Aires este año. Tenemos que publicarla”.

También aparecen en “Nombre falso” el tal Rinaldi y la tal Echevarre, María del Carmen —variación de Echevarne Angélica Inés—, ambos personajes del cuento “La loca y el relato del crimen” (aquel con el cual Piglia ganara un concurso literario donde Borges, Roa Bastos y Denevi eran los jurados y que le representará un viaje a París con todo pago). “Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo”, comienza “La loca y el relato del crimen”. “Gordo, jadeante, el traje de filafil verde nilo manchado con café, ceniza y rouge”, se lee en la nouvelle.

Y está, también, el propio autor: “—Kostia no está —dijo”. “—Dígale que llamó Ricardo Piglia”.

Otra vez Arlt, otra vez Borges

Un detalle no menor: Renzi, el personaje fetiche por excelencia (al punto que publica bajo su nombre los tres tomos de los Diarios), aparece en “Nombre falso” apenas en una nota al pie, al principio del texto; un papel secundario en perspectiva del lugar que tomaría en la obra pigliana.

Y otras referencias borgeanas: el narrador toma apuntes en un “Cuaderno San Martín” (tomo de poesías de 1929); se habla de “la historia de un Borgia menor” (así como en “El gaucho invisible”, relato breve de La ciudad ausente el personaje es Burgos); y traza el plan de un cuento futuro nunca escrito: “Un hombre en la vigilia piensa bien de otro y confía en él plenamente, pero lo inquietan sueños en que su amigo obra como un enemigo mortal. Se revela al final que el carácter soñado es el verdadero. (En medio de la multitud, en la jungla de la ciudad, imaginar a un hombre cuyo destino y cuya vida están en poder de otro, como si los dos estuvieran en un desierto).”

Escritor fracasado eso es lo mejor que Roberto Arlt escribió en toda su vida”, arriesga el narrador de “Nombre falso”. “La historia de un tipo que no puede escribir nada original, que roba sin darse cuenta: así son todos los escritores en este país, así es la literatura acá. Todo falso, falsificaciones de falsificaciones. Arlt se dio cuenta de que tenía que escribir sobre eso, metido hasta la garganta. Mire —dijo—, haga una cosa: lea Escritor fracasado. El tipo que no puede escribir si no copia, si no falsifica, si no roba: ahí tiene un retrato del escritor argentino. ¿A usted le parece mal? Y sin embargo no está mal, está muy bien: se escribe desde donde se puede leer. Dostoievski pasado por los traductores gallegos. ¿Sabe por qué era genial Arlt? Porque se dio cuenta que ahí había un estilo. Después los boludos dicen que escribía mal.”

Ese escritor fracasado podría ser —por qué no— Pierre Menard: aquel “que no puede escribir nada original, que roba sin darse cuenta”; aquel que, ante esa imposibilidad, reescribe el Quijote.

Coda

Arriba Piglia, entre otras tantas líneas que aquí se han dejado de lado, en “Nombre falso”, a una teoría fantástica (fantástica por extraordinaria, no por su género) que será fundamental en el sendero del pensamiento pigliano: el lector-detective. “Un crítico literario es siempre, de algún modo, un detective: persigue sobre la superficie de los textos, las huellas, los rastros que permiten descifrar su enigma”. El lector producido por la propia obra.

Si Tomás Eloy decía que en cada frase habrá un dato y en cada párrafo una idea, cabría agregar que en Piglia, a cada argumento, le corresponde una teoría. En “Nombre falso” la escritura es un plan continuo de escritura, y no un fin en sí mismo. Una multiplicidad de puertas abiertas que no concibe el concepto de un único picaporte.

“Estoy seguro de que es lo mejor que he escrito”, aventuró Piglia en la “Nota preliminar” a Nombre falso. Tal vez pienso así porque lo escribí con la certeza de que por primera vez había logrado percibir lo que realmente se veía del otro lado de la ventana”. A qué discutírselo.