Correspondencia con editores

Por Anahí Flores

Los autores armamos nuestro currículum basándonos en los libros que nos editan y los premios que conseguimos. Pero ¿alguien pensó que para construir ese currículum existe, también, otro lado: el lado B? Ese lado B estaría formado por todas las editoriales que nos rechazaron. Y por todos los concursos a los que nos presentamos y donde no nos seleccionaron ni para la última mención. Mi currículum del lado B podría decir que no me publicaron en Planeta, Alfaguara también prefirió no hacerlo, no gané el Clarín, no conseguí ninguna beca en el FNA. Mi currículum del lado B es larguísimo, pero en cierta forma sostiene al del lado A, que por cierto es más breve. Le da bases sólidas. No habría publicado ningún libro si no lo hubiera intentado. Quien no tenga ese currículum oculto, ese que no subimos ni a instagram ni a facebook, que arroje la primera piedra.

Podríamos sacar estadísticas: de cada equis cantidad de intentos por entrar en contacto con una editorial, recibimos cierto porcentaje de respuestas. De esos que responden, la mitad dice no estar recibiendo material en ese momento. De las editoriales que sí reciben y explican cómo hacerlo, luego, cuando uno prepara el material y en efecto lo envía, ¿cuántas acusan recibo? Y de esas pocas que respondieron al primer contacto, dijeron que recibían material y confirmaron recepción, ¿cuántas, en efecto, llegan a leerlo? Y después, ¿alguna dice que sí? Quien lo intentó siendo un total desconocido ya lo sabe: el camino es arduo y uno llega a plantearse si la frase “Persevera y triunfarás” aplica en estos casos.

el-arte-de-rechazar-una-novelaPor eso, cuando me recomendaron el libro El arte de rechazar una novela, de Camilien Roy, lo busqué enseguida (dato interesante: se consigue con facilidad en las librerías de usados) y lo leí de un tirón. Mientras lo leía me mataba de la risa. El libro es una sucesión de cartas (¿reales, falsas? El autor no lo aclara, por suerte, y tampoco importa). Son cartas de editores, de rechazos editoriales. A veces, para dar un rechazo, los editores se esmeran en cartas detalladas y originales. No está ni bien ni mal, pero para quien la recibe, o sea el autor rechazado, el efecto es extraño. Sobre todo porque no siempre son lógicas. Quien haya intentado publicar lo sabe. Por ejemplo, una respuesta bastante frecuente es que por los próximos dos años están cubiertos, que volvamos a escribir pasado ese tiempo. La lógica diría que si tienen dos años de catálogo por delante, ese catálogo fue compuesto en el pasado reciente, entonces dentro de dos años tendrán una proyección similar (construida en este momento en el que estamos intentando hacerle llegar material) y la respuesta será semejante. ¿Por qué no decir que no y listo? El tema de los rechazos o de las falsas aceptaciones (con esto me refiero a las editoriales que dicen estar interesadas en tu material pero al final del mail te envían la lista de precios de impresión, revisión, diseño de tapa, distribución, etc.) me obsesionó bastante durante un tiempo. Acumulé muchos mails de rechazo y de vez en cuando los releía con la intención de entender qué me habrían querido decir. Un día estaba debatiéndome entre mandar a la papelera todos esos mails o transformarlos en alguna otra cosa. Opté por el reciclaje: tomé los mails de rechazos y los transformé en poesías. Cada mail un poema. No hice muchas alteraciones, apenas puntuación o recortes. Así nació Quizá en otro momento, que enseguida encontró un lugarcito en el catálogo de Halley Ediciones.Quiza en otro momento

Volviendo al libro de Roy, al que siento como un pariente lejano del mío, es un libro divertido que disfrutará, sobre todo, quien ya haya enviado material a una editorial y haya recibido respuestas. Camilien Roy clasifica las cartas de editores en clásico, agresivo, malentendido, honesto, conciso, sin preámbulos. Cada título nos sugiere el tipo de carta que vendrá. Modesto, pesimista, anarquista, altivo, daltónico. Con solo leer el título ya sabemos por dónde va, pero ese ya saber no le quita la gracia, al contrario, la potencia. Hay respuestas organizadas en versos alejandrinos, con forma de obra de teatro o escritas como versos libres. Incluso hay una respuesta-haiku. Las hay nostálgicas, furiosas, frustradas, sorprendidas.

la-vida-nuevaLeyéndolo recordé también una novela de César Aira, La vida nueva, en la que un escritor entra en contacto con un editor. El escritor aclara que nunca editó, que no tiene ni idea de cómo debe ser el trato con el editor, pero él confía ciegamente en el suyo. Y así le va…