Azimut: Carlos Gardini

Una voz luminosa

Por Laura Ponce

Con la idea de continuar el tradicional Azimut inaugurado con la revista La Balandra, desde donde rescatamos autoras, autores o libros que sin explicación pasan desapercibidos en el panorama literario local o, simplemente, han sido olvidados de manera injusta, desde Fundación La Balandra compartimos con nuestra comunidad el rescate de la figura de Carlos Gardini, destacado escritor argentino de Ciencia Ficción y Fantasía que merece ser reconocido como tal, de la mano de Laura Ponce, escritora, editora y referente del género en nuestro país.

Azimut: Carlos GardiniConocí a Carlos Gardini en el 2005, en una de las Tertulias de Ciencia Ficción y Fantasía de Buenos Aires, que en aquella época organizaba la revista digital Axxón. Celebraban el número 150 de la revista, en el que habían publicado Los nombres de la luz (todavía puede leerse online), obra inédita con la que Carlos acababa de ganar el Precio UPC. Axxón es la primera revista publicada en soporte digital en habla hispana; nació a fines de los años 80 como una salida frente a la hiperinflación, que había paralizado la publicación de la decena de fanzines de ciencia ficción surgidos en esa década y hacía imposible la continuidad de cualquier proyecto impreso; comenzó circulando en diskettes 5 ¼ que se copiaban gratuitamente en casas de computación, fue creciendo y actualizándose y, para el momento en que me encontré con ella, se había convertido en un gran sitio web con muchas secciones y toda esa mística detrás. Continuaba la labor de las revistas Péndulo y Minotauro, ya desaparecidas, y llevaba casi quince años publicando lo mejor de la ciencia ficción en castellano; no sólo traducciones, también ciencia ficción escrita en castellano, autores vivos, y las tertulias eran el espacio de reunión para la comunidad de aficionados que nucleaba. Esa tertulia era la primera a la que yo iba, con toda la fascinación, el entusiasmo y el nerviosismo de quien descubre algo con lo que ni siquiera se había atrevido a soñar: un grupo de personas que se apasiona por las mismas cosas, que se hace las mismas preguntas, con las mismas burbujeantes preocupaciones, un grupo al que podía sumarme. Y ese sábado, ese sábado en particular, incluía a Carlos. Pocos días antes había terminado de leer una antología que incluía un cuento suyo y me duraba el deslumbramiento. De puro caradura me acerqué a su mesa, en la que también estaban sentados Eduardo Carletti, director de Axxón, y Luis Pestarini, director de Cuásar, me sumé a la conversación y terminamos hablando de ese cuento suyo que sigue siendo uno de mis favoritos: “La era de acuario”. En aquellos años volvimos a coincidir varias veces, en lecturas o eventos, y siempre era una alegría encontrarnos. Cuando le conté que quería sacar mi propia revista, Próxima, le confesé que la pensaba como “una revista que publique cuentos como ‘La Era de Acuario’”, y Proximame autorizó a publicarlo (podés leer el cuento en la Biblioteca de Cuentos de Fundación La Balandra, haciendo clic acá). Ese cuento marcó el rumbo; está en el número 1 de la revista (podés descargar ese número de la revista haciendo clic acá), definiendo su línea editorial. Nos hicimos amigos. Nos escribíamos y nos juntábamos a charlar, y recuerdo esas conversaciones como fiestas de palabras que se extendían por horas. También era muy generoso; se interesaba por el crecimiento de la revista, siempre tenía una palabra de aliento, una recomendación o un consejo. No le gustaba el ajetreo y el bullicio del centro, coincidíamos en que se iba pareciendo cada vez más a la Buenos Aires que había descripto en su cuento “Timbuctú”, así que esa se volvió una especie de clave al elegir los bares donde nos encontraríamos: que tan lejos estaban de Timbuctú. Era un hombre muy culto, de una profunda sensibilidad y con un sentido del humor muy ácido. Cargaba con una pérdida enorme que nunca pudo superar ―Mirta, su compañera de toda la vida, murió en el 2004―, y algo de eso tiñó los últimos años de su escritura, pero tenía una capacidad única para crear universos. Sostenía esa filigrana con un estilo rico, refinado y preciso, donde la música siempre tenía un lugar importante. Tuve el privilegio de que me diera a leer lo que iba escribiendo ―el cuento “La ciudad de los Césares”, la novela Tríptico de Trinidad desde que eran borradores― y discutir esos textos con él. Fue uno de los más talentosos autores argentinos de Ciencia Ficción y Fantasía. Publicó cinco libros de cuentos y siete novelas, y recibió diversas distinciones, entre ellas el prestigioso Premio UPC, el más importante otorgado para el género en habla hispana, no una sino tres veces. También tuvo una gran labor como traductor. En los últimos veinte años, la mayor parte de estos trabajos los hizo para las colecciones de Ciencia Ficción y Fantasía de las editoriales españolas Ediciones B y Bibliópolis, con autores como Úrsula K. Le Guin, Theodore Sturgeon y Cordwainer Smith. En Argentina, La Bestia Equilátera está publicando la obra de Kurt Vonnegut con traducciones suyas. Es una pena que la mayor parte de su obra se encuentre descatalogada. Su última novela, la extraordinaria Tríptico de Trinidad, ni siquiera se publicó en Argentina. Gracias a la editorial marplatense Letra Sudaca pueden conseguirse sus tres últimos libros: La ciudad de los Césares (cuentos), Belcebú en llamas (novela) y Leyendas (cuentos). Me alegra que Carlos haya llegado a ver publicados dos de ellos. Nunca se preocupó por aparecer en suplementos culturales ni buscó el favor de las grandes editoriales, pero su obra merece más lectores. Murió el 01 de marzo de 2017, después de darle batalla a una enfermedad horrible e insidiosa. Él creía que debía haber algo más; espero que lo haya encontrado. Lo echo de menos. El mundo es un poco más triste y más pobre sin su voz luminosa. Para lidiar con esa ausencia, no se me ocurre mejor modo que volver sobre lo compartido, resignificar lo que nos dejó, tratar de que su obra se haga más conocida, inspire, y trascienda en más obra. Cómo granito de arena, les comparto ese cuento maravilloso que unió nuestros caminos: “La Era de Acuario”.